“¿Qué vale esa mesita?” pregunte sin muchas ganas; “200 lempiras caballero” , “¿Cómo? ¡Tan locos!” contesté sorprendido, le hice una mirada matadora a la dependienta y me dedique a criticar todas las demás artesanías dentro de esa tiendita en Valle de Ángeles ya fueran bonitas o feas… en ese momento me sentía muy incómodo por los altos precios de la tienda y también por un perro calatoso y rabioso que estaba cerca de la puerta y que me quedaba viendo con odio; cuando de repente cayo una llamada a mi celular de un número desconocido… “¿Omar?” una voz lejana se escucha al otro lado del teléfono, “Sí” contesté, “Lo llamo para decirle que Hylton está siendo trasladado para Estados Unidos así que habrá una vacante aquí en Costa Rica, que le parece venirse para acá y tomar esa posición?”… Escuché mis latidos tan fuertes como si tuviera mi corazón al lado de mi oído… “En los próximos días le haré llegar la propuesta formal para que usted la evalúe, a mi me parece que le conviene… una última cosa… si decide venirse, su traslado seria de inmediato, o sea en 2 semanas por tarde, usted ya debe de estar acá, ¿ok?” “Claro”, respondí.
Al terminar la llamada observé al perro y si no fuera por esa espuma blanca que salía de su boca lo abrazaría de la alegría, pero decidí no hacerlo y mas bien me dirigí hacia mis seres queridos que me acompañaban y les comente sobre la noticia, ellos al igual que yo, demostraron sentimientos encontrados… mucha alegría pero acompañado de mucha tristeza ante mi inminente partida.
Rápidamente recibí 2 despedidas, una en La Ceiba (ciudad donde trabajaba) y otra en San Pedro Sula (mi ciudad natal), apenas tuve tiempo de empacar mis cosas y despedirme de mi gente y cuando menos pensé estaba aterrizando en un país al cual ya varias veces había visitado pero nunca había llamado mi casa. Hace un poco mas de 3 años de ese momento, he vivido muchas experiencias en Costa Rica, debo de admitir que mas buenas que malas, pero todas esas las compartiré mas adelante… mientras tanto les termino el cuento de Valle de Ángeles… “Llevate la mesita” me dijo mi mamá… “Nombe, muy cara… tranquila mami, ahí compro otra después” respondí. “No te preocupés, yo te la regalo” me dijo ella… “Ahí te la llevas a Costa Rica, para que te acordes de aquí” agregó.
La mesita se vino en la mudanza… hasta la fecha he visitado muchas tiendas artesanalas en este país, y muchas mesitas están “pura vida” como dicen aquí, pero ninguna esta “de miedo” como la mesita catracha que mi mamá me regalo.
Diario La Prensa me ha invitado a formar parte de un grupo de catrachos los cuales estaremos escribiendo sobre nuestras experiencias como inmigrantes alrededor del mundo; espero que mis relatos sirvan de reflexión o al menos de entretenimiento por un par de minutos.